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Combatir la depresión: una lucha silenciosa

22 febrero, 2018 | 10:43 pm

En Venezuela, otrora el país donde “se sufre pero se goza”, los casos de depresión clínica han aumentado, y las condiciones generales para este padecimiento no dan señales de mejorar: tan solo en el 2017 la cifra de este padecimiento cerró en 4,2%, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que no distingue estatus o condición social.

Robert Lespinasse, médico psiquiatra y expresidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría califica la depresión como “una enfermedad, con dos tipos asociados: la depresión menor, que es el abandono prolongado, o del cuadro patológico de una persona, a quien un hecho de la vida o una pérdida le ocasiona una tristeza que se presenta muy intensamente y en ocasiones, las personas pueden llegar a la postración. La depresión mayor se da teniendo la persona todo para ser feliz y sin embargo se deprime, porque influyen en él los neurotransmisores: la serotonina, la noradrenalina o la dopamina a nivel cerebral, que al bajar hace que la persona presente los síntomas típicos de una depresión; llanto, ira, tendencia a aislarse, sensación de tristeza, entre otros”.

Lespinasse aclara que la causa principal del padecimiento se debe a la disminución de los niveles de neurotransmisores, que aunado al cuadro psicológico de impotencia, tristeza y frustración, origina también características físicas: “No duerme bien, tiene insomnio y se siente peor en las mañanas que en el resto del día. Tiene pensamientos de rechazo intensos y la sensación de culpa es tal que piensa que es el responsable de lo malo que sucede alrededor, y que la única salida es morir; dejar de hacer daño a todo el mundo”, señala el especialista.

Por su parte, Nelissa Pool, jefa de Psiquiatría de la clínica de El Peñón afirma que si bien hay una tendencia neuroquímica y física, también hay factores que lo desencadenan. “La depresión tiene varias causas, incluso el patrón heredo-familiar. También es importante detectar que más que factores endógenos o intrínsecos, como se denominaban antes también a las depresiones endógenas, estamos viendo factores externos, de estragos socioeconómicos que estamos viviendo”.

Pool expresa que una de las poblaciones más afectadas por este padecimiento son las personas de tercera edad, principalmente porque sus hijos se van del país. El segundo cuadro de riesgo son las mujeres, que según cifras proporcionadas por el doctor Lespinasse, son más susceptibles a padecer esta enfermedad “por cada 2 mujeres hay un hombre deprimido, y hay una alta probabilidad de que las personas se suiciden”.

Según Robert Lespinasse “el 15% de los casos de depresión mayor terminan en suicidio”, a la vez que explica que “dentro de las estadísticas de suicidio por depresión, sobre todo en países donde las personas viven mucho tiempo, hay mayor frecuencia de suicidas hombres. Las mujeres, en su gran mayoría, piensan en el suicidio 20 veces más que el hombre, pero el hombre se suicida más”.

A la caza del tratamiento

Para el doctor Lespinasse, un óptimo tratamiento comprende dos fases, el tratamiento farmacológico y el psicoanalítico, a fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes y superar el cuadro patológico. “Lo más frecuente es el uso de medicación a nivel serotonínico, por lo tanto se usan antidepresivos que aumentan la serotonina, en primer lugar, y se observa que si no mejora con la medicación, entonces se deduce que necesita uno que aumente serotonina y noradrenalina”.

Sin embargo, más del 50% de los pacientes se ve imposibilitado para conseguir los fármacos necesarios por una razón: de acuerdo con el doctor Lespinasse, “lamentablemente en este momento hay dos antidepresivos nada más en el país, uno de anterior generación y uno de última generación a precios exorbitantes, no se consiguen ninguno de ellos, no todo el mundo los tolera y lamentablemente no todo el mundo los puede tomar, y cuando los toman puede que no les preste el tratamiento. Es decir, que cuando una persona está tomando antidepresivos debe tomarlos mínimo por seis meses, un año, y lamentablemente no se consiguen. Muchas veces llegan unos y hay otros que desaparecen, entonces no hay posibilidad de continuidad en el tratamiento; ese es uno de los problemas que más graves que tenemos”.

De la misma manera, Nelissa Pool, psiquiatra de la clínica El Peñónaclara que los pacientes en tratamiento con psicofármacos se han visto seriamente afectados, y en el caso de los que necesitan antidepresivos “generalmente el que se puede conseguir es lacertalina, un inhibidor de la recaptura de serotonina. Una que otra vez podemos conseguir antidepresivos duales, como por ejemplo la benglafacina y también muy esporádicamente se puede conseguir citaloprán, pero eso es por temporadas. Apareció uno, se terminó y puede pasar mucho tiempo hasta que lo podamos volver a ver en el mercado”.

En una nota publicada por el portal web del periódico El Nacional, el 3 de febrero de 2018, señalan que no hay fármacos para aliviar pacientes psiquiátricos. El texto, que hace referencia a la situación del Hospital Central de San Cristóbal, recoge una cita de la directora del departamento de Psiquiatría del mencionado hospital: “a diario, en la emergencia psiquiátrica, se observa un intento de suicidio”.
Robert Lespinasse es enfático al señalar que “los pocos (psicofármacos) que hay, además de la dificultad para conseguirlos y todo los problemas que hemos tenido, porque no se producen en el país, o porque la materia prima no se consigue, ha traído como consecuencia que el deterioro del tratamiento psiquiátrico sea más del 50% y que el desabastecimiento de medicinas llegue más al 80%. Los pacientes epilépticos, los pacientes ansiosos, con trastornos afectivos, bipolares o esquizofrénicos, todos tienen carencia de medicación, y eso ha afectado enormemente la posibilidad de mejoría de los pacientes, con los consecuentes riesgos de que se hagan daño, atenten contra su vida o lamentablemente, se agudicen los cuadros”.

Para el galeno la solución más inmediata pasa por permitir “la apertura de un canal humanitario. La mayoría de los pacientes está sufriendo por falta de medicamentos, no hay la posibilidad de conseguirlos en el país y por tanto es necesario permitir la ayuda humanitaria, para lograr que estos medicamentos otra vez vuelvan formar parte de los insumos que se consiguen en el país, y así lograr mejorar a los pacientes”.

De la mano con el paciente

Ambos médicos coinciden en que la terapia con antidepresivos y el control psicoanalítico son esenciales para superar estos cuadros, y lograr que el paciente tenga una mejor calidad de vida. De la misma manera, el apoyo familiar es esencial, ya que la integración del paciente a su entorno cotidiano, cuando pasa por un adecuado control, genera un efecto coadyuvante en la terapia.

Nelissa Pool explica que “los resultados demuestran que un tratamiento combinado es más efectivo. Hay pacientes a los que no les interesa la psicoterapia, o no pueden hacerla, hay millones de razones, pero los que reciben el plus de la psicoterapia mejoran más rápido, tienen menos probabilidades de presentar una recaída, y la psicoterapia da otras herramientas que no brinda el psicofármaco, para que aprendas a resolver ciertas situaciones, ciertos conflictos; pero solo tener un paciente con psicoterapia, sin el antidepresivo y sin ninguno de los dos, desencadena un retroceso en la condición”.

Los famosos también se deprimen

A pesar de ser una enfermedad de la que poco se conoce, sus estragos son reales, ya que cualquier persona con un cuadro familiar que presente antecedentes depresivos no queda exenta de padecerla. El caso más reciente fue el hijo del expresidente Fidel Castro, “Fidelito”, quien estaba medicado contra un cuadro de depresión mayor. Pero la historia también recoge este padecimiento no solo en políticos, sino también estrellas de cine y cantantes, como Marilyn Monroe y Janis Joplin, entre muchos otros.